Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

Los trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta (DSM-V) se caracterizan por problemas en el autocontrol del comportamiento y las emociones, que se traducen en conductas que violan los derechos de los demás (por ejemplo: agresión o destrucción de la propiedad), o llevan al individuo a conflictos importantes frente a las normas de la sociedad o las figuras de autoridad.

Dentro de los trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta se encuentran los siguientes: trastorno negativista desafiante, trastorno explosivo intermitente, trastorno de la conducta, trastorno de la personalidad antisocial, piromanía y cleptomanía.

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A menudo los trastornos destructivos se presentan de forma comórbida, en especial asociados al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), cuando existen factores desencadenantes biológicos y/o ambientales como consumo de sustancias, entornos desestructurados, experiencias de bullying, problemas socio-afectivos y antecedentes familiares

La agresividad impulsiva tiene una neurobiología subyacente y un componente hereditario del 44 al 72% (Palao, 2016).

Las investigaciones neurológicas han hallado que estos individuos presentan por lo general: menor tamaño craneal y volumen encefálico, asimetría del lóbulo frontal, descenso de actividad de la corteza prefrontal con disminución del flujo sanguíneo, alteración de memoria, atención y concentración, menor volumen del hipocampo y amígdala, incremento de concentración de dopamina, adrenalina, noradrenalina y cortisol; niveles alterados de serotonina en corteza prefrontal y niveles altos de testosterona (Palao, 2016). Por otro lado, el procesamiento emocional humano y del control de impulsos, sugiere el especial protagonismo de la corteza prefrontal, el sistema límbico, los ganglios basales y el tallo cerebral (Sánchez, 2013).

También cabe destacar, que estos trastornos se dan más frecuentemente en hombres que en mujeres. La principal explicación la encontramos en las hormonas sexuales, ya que los andrógenos actúan cómo facilitadores de la combatividad y la dominancia, de hecho, existen datos que confirman que las mujeres con estos trastornos presentan unas cifras androgénicas mayores a las habituales (Tobeña, 2017)

No obstante, las psicopatías femeninas también se dan. Éstas usan mucho menos la violencia física por una cuestión biológica, pero emplean más tácticas de agresividad indirecta como marginar, retirar totalmente la atención o practicar el ostracismo (Tobeña, 2017)

Siguiendo el enfoque de la neurobiología, la agresividad aparece, cuando el impulso mediado por el sistema límbico frente a estímulos productores de ira no es suficientemente contenido por la inhibición y es canalizado hacia un comportamiento violento. La excesiva reactividad de la amígdala cerebral, combinada con una regulación prefrontal inadecuada, da lugar a un aumento de la probabilidad de comportamiento agresivo. La serotonina facilita la inhibición prefrontal, por lo que una actividad serotoninérgica inadecuada puede aumentar la agresividad (Palao, 2016).

En el caso de la impulsividad posiblemente estén implicados al menos dos circuitos cerebrales que funcionan conjuntamente: un circuito sostenido sobre el sistema de la amígdala, responsable de gestionar las emociones y que se encuentra perturbado cuando la impulsividad es elevada, y un sistema prefrontal, que es el responsable del proceso reflexivo y que actúa inhibiendo conductas (Williams & Potenza, 2008)

Para prevenir este tipo de patologías asociadas es fundamental el diagnóstico precoz y una intervención temprana eficaz y multidisciplinar. De esta manera, se consigue evitar que el problema se agrave o que la persona afectada pueda provocar situaciones complejas derivadas de la falta de control de impulsos.

El tratamiento psicológico debe aportar pautas y proporcionar herramientas a la persona afectada para que pueda controlar sus impulsos, corregir las conductas desviadas y evitar situaciones complejas antes de que se produzcan.

En caso de estar viviendo una situación similar o si te sientes identificado con el tema que estamos tratando, no dudes en pedir información en nuestro Centro Sanitario Ambulatorio Casa Blanca (ALUCOD).
Podemos ayudarte.

Bibliografía

Palao, R. E. (2016). Criminología biológica: Una mirada desde la genética forense. Archivos de criminología, seguridad privada y criminalista, 7 – 21.

Sánchez, P. & Elizagárate, E. (2013). Impulsividad: Introducción a la psicopatología. Madrid: Editorial Panamericana.

Tobeña, A. (2017). Neurología de la maldad. Barcelona: Plataforma Editorial.

Williams WA. & Potenza MN. (2008). The Neurobiology of Impulse Control Disorders. Rev. Bras. Psiquiatr. 30 (24-30).

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