Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

La relación entre el trastorno de estrés postraumático y el abuso de drogas está documentada en la literatura científica desde que se comenzó a estudiar en los veteranos de guerra. A partir de ahí, se han realizado estudios en población de hombres y mujeres que muestran la elevada incidencia de la presencia de ambos trastornos. En concreto, las mujeres que abusan de sustancias, muestran grandes tasas de este doble diagnóstico (entre el 30% y el 59%), que normalmente proviene de un historial reiteratitivo de agresiones sexuales y físicas repetidas durante su infancia o en la edad adulta vinculadas al sufrimiento de violencia de género. Entre los hombres, los índices son dos o tres veces menores y suelen provenir de traumas de combate o crímenes. miedo

Los pacientes con ambos trastornos se caracterizan por tener gran severidad en una multitud de variables psicológicas y de tratamiento y por el uso de las drogas más fuertes (cocaína y opiáceos).  En este post trataremos qué es el trastorno de estrés postraumático, cómo es clasificado y los principales modelos de tratamiento para el mismo.Las personas en ocasiones se enfrentan en la vida a situaciones especialmente traumáticas.

Se entiende por suceso traumático “aquellos sucesos negativos, vividos de forma brusca, que generan temor e indefensión, ponen en peligro la integridad física o psicológica de una persona y dejan a la víctima en una situación emocional que es incapaz de afrontar con sus recursos psicológicos habituales” ( pag. 205,  Kilpatrick, Saunders, AMICK. Mc-Mullan, Best, Veronen y Jesnick, 1989).

Cada persona reacciona de manera diferente ante una situación amenazante o peligrosa, y no todas tienen el mismo grado de vulnerabilidad de sufrir una alteración psicológica como consecuencia de la vivencia de esta situación.  Robles y Medina (2002) señalan que la respuesta del afectado depende de las características del propio organismo sometido a la amenaza y de las variables del contexto en el momento del suceso y, posteriormente, a lo largo de su resolución. Las alteraciones psicológicas se producen como consecuencia de imaginar, revivir y reexperimentar la situación amenazante repetidamente, lo que lleva a  generar una serie de síntomas que desembocan en un trastorno denominado Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

 El TEPT es un trastorno mental clasificado dentro de los trastornos de ansiedad.  Según la CIE-10, los síntomas fundamentales para poder diagnosticar un TEP es,  principalmente, la vivencia de una experiencia traumática. Además deben surgir evocaciones o representaciones del acontecimiento en forma de recuerdo o imágenes durante la vigilia o el sueño, evitación de circunstancias que recuerden el trauma y la presencia de amnesia respecto a algún aspecto importante de lo vivido o bien de al menos dos síntomas de hiperactivación. Sin embargo, para el DSM-V se deben considerar tres síntomas principales: reexperimentación, evitación e hiperactivación. También, para la clasificación de un trastorno como TEPT hay que tener en cuenta la proximidad temporal con el suceso ocurrido así, debe haber transcurrido como mínimo cuatro semanas desde el suceso. Cuando la proximidad con el suceso no se cumple, y la duración es inferior a cuatro semanas  y superior a los dos días, hablaríamos de un Trastorno de Estrés Agudo.

Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta (1997) proponen que un suceso traumático genera el TEPT cuando supera el umbral para el trauma de una persona y repercute negativamente en su nivel de funcionamiento habitual.

El TEPT puede iniciarse a cualquier edad, afectando tanto a niños como adultos y generalmente los síntomas que se manifiestan son la reexperimentación persistente del suceso a través tanto de pesadillas, como imágenes o recuerdos, evitación continua de los estímulos asociados al mismo y aumento de la activación que conlleva a encontrarse en un estado de irritabilidad, falta de concentración, hipervigilancia, dificultades para dormir, sobresalto, dolor de cabeza, mareo, desmayo…

Este trastorno ha sido explicado desde diferentes modelos teóricos como el modelo del aprendizaje, teoría del procesamiento emocional, teoría del procesamiento de la información, teoría del modelo dual… pero todas ellas han sido insuficientes debido a la complejidad del mismo. Así, el estudio del trauma y las consecuencias que tiene abarca procesos muy diferentes y complejos que aún a día de hoy no son bien comprendidos ( Crespo, 2001).

Los procedimientos aplicados para tratar el TEPT habitualmente han sido tres: la terapia de exposición, en la que el paciente debe enfrentarse a las situaciones temidas o a las imágenes de las mismas sin escapar, con el objetivo de evocar la ansiedad y promover la habituación a ella; la reestructuración cognitiva, con el objetivo de modificar pensamientos, supuestos y creencias irracionales; y el entrenamiento en técnicas de control de ansiedad, cuyo objetivo es dotar al paciente de una serie de habilidades para hacer frente a la ansiedad en la vida cotidiana ( Richards  y Lovell, 1999).

Actualmente cada vez más se está instaurando como técnica terapéutica, el EMDR, (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), la cual se basa en el procesamiento de la información y en la forma de almacenamiento de los recuerdos, consistente en la transformación de las experiencias vividas y almacenadas como disfuncionales en una re-consolidación más adaptativa de este recuerdo. Esta técnica fue propuesta por F. Shapiro y basa su eficacia en el respaldo encontrado por la hipótesis que plantea la producción de los cambios fisiológicos que se producen durante el suelo REM. Así, el empleo de movimientos oculares bilaterales, como el tapping o golpeteo, actúan sobre la conectividad interhemisférica, disminuyendo el nivel de actividad cerebral facilitándose de esta forma la recuperación y consolidación de memorias autobiográficas, (Seijas, 2003).

 (Post realizado por Esmeralda Arencón Garrote, estudiante de Grado de Psicología de la Universidad de Educación a Distancia)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • Álvarez, A. I., y Santacreu, J. (2014). Una fobia a los cajeros automáticos con diagnóstico de Trastorno por estrés Postraumático (TEPT). Revista de casos clínicos y salud mental, (1), 21-38.
  • Rincón, P.P. (2003). Trastornos de estrés postraumático en mujeres víctimas de violencia doméstica: evaluación de programas de intervención. (Tesis doctoral inédita). Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos I. Universidad Complutense de Madrid.
  • Seijas, R. (2013). Trastornos por estrés postraumático y cerebro. Revista Asociación española de Neuropsicología, 33 (119), 511-523.
  • Shapiro, F., y Salomon, R. (2008). EMDR y el Modelo del Procesamiento Adaptativo de la información: Mecanismos potenciales del cambio. Journal of EMDR Practice and Research, 2(4): 315–325.
  • Najavits, L.M; Weiss, R.D., y Shaw, S.R. La relación entre el abuso de sustancias y el trastorno de estrés postraumático en las mujeres. RET, Revista de Toxicomanías. Nº. 32- 2002
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