Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

Hay cierto dilema con respecto al número de emociones básicas existentes. Sin embargo todos coinciden en que el miedo es una de las emociones básicas o primarias. El miedo sirve para sobrevivir, ya que nos permite retirarnos de forma inmediata cuando existe una amenaza. Esta amenaza puede ser para nuestra vida, o para nuestra autoestima, nuestra seguridad (según nuestras creencias sobre lo que es seguro o no) o nuestro autoconcepto. Así que el miedo sólo es una emoción que reacciona en función de nuestros patrones mentales, de nuestras creencias y pensamientosEl miedo en sí mismo es positivo, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados (Camacho., s.f). El miedo se convierte en un inconveniente cuando aparece de forma intensa o desorbitada ante situaciones que realmente no requieren sentir un miedo intenso. Es lo que se conoce como ansiedad. Este estado puede derivar en un trastorno por ansiedad.

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El miedo solo es una emoción que reacciona en función de nuestros patrones mentales, de nuestras creencias y pensamientos

Según Onmeda (2012) existen varios tipos de trastorno de ansiedad:

  • Trastorno de ansiedad generalizada: en este tipo de trastorno se dan sobre todo miedos indeterminados (llamados de libre flotación) y sensación de tensión. El miedo puede aparecer ante diferentes circunstancias de la vida y diferentes situaciones del día a día.
  • Trastorno de pánico: las características del trastorno de pánico son los ataques de pánico repentinos o crisis de ansiedad, que están ligados a un fuerte sentimiento de miedo y la correspondiente respuesta física.
  • Fobias: las fobias se manifiestan a través de un fuerte miedo a determinadas situaciones o cosas, aunque el afectado sepa que su miedo es infundado.

A nivel fisiológico, la ansiedad se caracteriza por la activación de diferentes sistemas, principalmente el Sistema Nervioso Autónomo y el Sistema Nervioso Motor, aunque también se activan otros, como el Sistema Nervioso Central, o el Sistema Endocrino, o el Sistema Inmune. De todos los cambios que se producen, el individuo sólo percibe algunos cambios en respuestas tales como la tasa cardiaca, tasa respiratoria, sudoración, temperatura periférica, tensión muscular, sensaciones gástricas, etc. La persistencia de estos cambios fisiológicos puede acarrear una serie de desórdenes psicofisiológicos transitorios, tales como dolores de cabeza, insomnio, disfunción eréctil, contracturas musculares, disfunciones gástricas, etc. (Carvajal, 2013).

El consumo de drogas continuado puede llevar a la aparición de la ansiedad, pero también ocurre el caso contrario: experimentar ansiedad puede desembocar en el consumo de sustancias en un intento de paliar la ansiedad. Las sensaciones que se buscan pueden ser las placenteras o la desinhibición. Por ejemplo, una persona con dificultades a la hora de relacionarse puede recurrir al alcohol para perder el miedo a ciertas situaciones sociales y así, desenvolverse con éxito. También aumentan las probabilidades de que aparezca ansiedad en el trascurso de los efectos del consumo de una droga. Así es que, Baeza (s.f) considera que la relación entre la ansiedad y el consumo de sustancias es bimodal: por un lado, el uso continuado de una sustancia puede conducir a experimentar síntomas e incluso problemas de ansiedad. Por otro, algunos trastornos de ansiedad pueden cursar con un mayor consumo de ciertas drogas, por ejemplo el alcohol o el tabaco. En general, el uso continuado de una sustancia puede conducir a la aparición de algunos síntomas asociados a la ansiedad como malestar, irritabilidad o taquicardia. Por ejemplo, se ha descrito la importante relación existente entre consumo de éxtasis y/o estimulantes y la aparición de alteraciones psicológicas como ansiedad, pánico o dificultades de concentración. Las personas que experimentan el síndrome de abstinencia de una sustancia también pueden manifestar ansiedad. De hecho, se ha descrito un trastorno de ansiedad que considera que la misma puede estar inducida por sustancias o, dicho de otro modo, ser consecuencia de su uso frecuente y excesivo. En el trastorno de ansiedad inducido por sustancias los síntomas de ansiedad están asociados al consumo, abuso o dependencia de una droga (cafeína, nicotina, alcohol, cannabis, cocaína, heroína, éxtasis, etc.). Los consumidores habituales de drogas presentan niveles de ansiedad más altos que los no consumidores, incluso después de haber abandonado el consumo.

Ejemplo de algunas drogas y sus efectos relacionados con la ansiedad:

  • Cannabis: contiene sustancias psicoactivas (cannabinoides) que actúan sobre los receptores del SNC. Tiene un efecto depresor sobre este, por lo que puede asociarse a estados depresivos y ansiosos.
  • Alcohol: El alcohol también es un depresor del sistema nervioso central. La relación entre el consumo de alcohol y la ansiedad es más notable durante la abstinencia. El Síndrome de Abstinencia de alcohol afecta a las personas con consumo crónico de esta sustancia, que lo disminuyen o suspendieron completamente. En estas personas, el cerebro se ha acostumbrado a un nivel basal de alcohol que tiene un efecto depresor y, cuando se reduce, el sistema nervioso central sufre una hiperexcitación, lo cual causa un cuadro clínico característico (Gárate et al., s.f). Entre los que se destaca la ansiedad.
  • Cocaína: Es un estimulante del sistema nervioso central, actúa bloqueando la recaptura de dos neurotransmisores (norepinefrina y dopamina), produciendo un exceso de estos neurotransmisores a nivel del receptor postsináptico (Chicharro y Tapia, 2001). Así, su consumo a largo plazo puede producir numerosos trastornos, entre ellos la aparición de la ansiedad.

 (Post realizado por Rocío Iglesias Fernández, estudiante de Grado de Psicología de la Universidad de Huelva)

Bibliografía:

  • Baeza, J.C. (s.f.). Clínica de ansiedad
  • Camacho, R. (s.f.). Psicología y mente.
  • Carvajal, L. (12 de Octubre de 2013). Psicobiología 2013.
  • Chicharro, A., & Tapia, J. (2001). Complicaciones neurológicas de la cocaína. Cuadernos de Neurología.
  • Gárate, B., Villagra, D., Puente, E., Silva, I., Herrera, J., & Pablo, L. (s.f.). La molina.
  • Onmeda, R. (19 de Marzo de 2012). Onmeda.
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