Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

Tras unas semanas inactivos, retomamos nuestra actividad con este post en el que queremos profundizar en las consecuencias neurocognitivas del consumo de alcohol en adolescentes.

La adolescencia es un un período marcado por profundos cambios, tanto en la estructura como en el funcionamiento cerebral, por lo que el consumo de cualquier droga (cannabis o hachís, cocaína, heroína, alcohol, etc.) en esta etapa produce unos  efectos, que serán más o menos dañinos según la cantidad y tipo de sustancia consumida, motivo por el que es tan importante la prevención del consumo de droga antes y durante esa etapa y así favorecer la salud.Es en esta etapa adolescente donde se suelen iniciar los primeros consumos de alcohol, encontrándose entre las drogas de inicio más temprano. La última encuesta domiciliaria sobre consumo de alcohol y drogas realizada por el Plan Nacional Sobre Drogas en 2013 (Encuesta EDADES PNSD), refleja que el 40,8% de los jóvenes entre 15 y 17 años han hecho botellón y bebido alcohol y el 26,3% reconoce haber tenido borracheras en el último año. En cuanto al patrón de bebida, merece especial atención el consumo por atracón o binge drinking, que tiene una mayor prevalencia entre los jóvenes de 15 a 29 años, situándose en el 15,5% de esta población.

El patrón de consumo por atracón o binge drinking se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades de alcohol en un corto espacio de tiempo, que lleva frecuentemente a la embriaguez, y se alterna con períodos de abstinencia entre los episodios de consumo intensivo. El National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) definió este consumo de alcohol que eleva la cantidad de alcohol en sangre a 0,08 g/dL, y equivaldría a una cantidad de 6 o más Unidad de Bebida Estándar (UBE) (60 g) para hombres y 5 o más UBEs(50 g) para mujeres en un intervalo aproximado de 2 horas, es decir, unas 6 cervezas  de 25cl en hombres o 5 en mujeres. Este tipo de consumo alcohólico se ha incrementado en las últimas décadas y conlleva consecuencias sociosanitarias asociadas al mismo significativas evidentes (accidentes de tráfico, agresiones, bajo rendimiento académico, alteraciones cardiovasculares, etc.). Sin embargo, el conocimiento sobre las consecuencias neurocognitivas de esta forma de consumo de alcohol es escaso y la concienciación social ante esta problemática es todavía reducida.

El último estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke (EE.UU.) y que recoge la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research, concluye que tomar alcohol en demasía provoca daños en la zona del cerebro que controla la memoria de larga duración y el aprendizaje, lo que afecta al crecimiento de un cerebro que aún necesita desarrollarse plenamente.

“A los ojos de la ley, una vez que los jóvenes alcanzan la edad de 18 años ya se consideran adultos, pero el cerebro sigue madurando y perfeccionando hasta más de los 20 años”, explica Mary-Louise Risher, coautora del estudio.

Como ya señalábamos, la adolescencia es un período de profundos cambios, caracterizados por una amplia variedad de transformaciones a nivel emocional, cognitivo y conductual sujetas, la mayoría de ellas, a los procesos madurativos que tienen lugar en el cerebro. Aunque la mayor parte del desarrollo cerebral tiene lugar antes de los cinco años, la neuromaduración humana se extiende a lo largo de la adolescencia y el inicio de la etapa adulta.

Se ha observado reiteradamente que el cerebro experimenta fundamentalmente dos tipos de cambios a lo largo de la adolescencia. Uno es la reorganización sináptica, referida a la poda o eliminación de ciertas conexiones escasamente usadas y el fortalecimiento o potenciación de aquellas empleadas con frecuencia. Y el otro tipo es el que tiene que ver con la mielinización de las vainas que envuelven a los axones y que incide en la velocidad de transmisión de la información neural. En ambos procesos, de reorganización sináptica y mielinización, las regiones que finalizan más tarde son las áreas asociativas de orden superior. Dada la estrecha relación entre desarrollo cognitivo y maduración cerebral, la reorganización sináptica y la mielinización modulan el desarrollo de los procesos cognitivos. La relativa inmadurez de estos procesos cognitivos en la adolescencia puede explicar, al menos en parte, la mayor propensión a involucrarse en conductas de riesgo tales como el consumo de sustancias en esta edad.

En este contexto de desarrollo de la estructura y funcionamiento cerebral, el consumo de alcohol puede ejercer un poderoso impacto negativo sobre el proceso neuromadurativo y, en consecuencia, alterar el funcionamiento normal de procesos cognitivos que son esenciales para una correcta adaptación a la vida adulta (López-Caneda, E. y otros, 2014). Cerebro humano

Una revisión realizada muestra que en investigaciones sobre el consumo de alcohol intensivo o binge drinking asocian este tipo de consumo en jóvenes con:

  1. Alteraciones a nivel cognitivo, especialmente de las funciones mnésicas (memoria) y ejecutivas (planificación, toma de decisiones, autoregulación…) dependientes de las regiones temporo-mesial y prefrontal.
  2. Desequilibrios neuroestructurales, con déficits en la sustancia blanca (en múltiples tractos de asociación, de proyección y comisurales) y en la sustancia gris cerebelar, así como retraso neuromadurativo (mayor espesor cortical) en regiones frontales y subcorticales.
  3. Anomalías neurofuncionales, con actividad compensatoria (hiperactivación) orientada probablemente a contrarrestar la menor actividad (hipoactivación) en otras regiones cerebrales con el fin de mantener un rendimiento conductual equivalente al de los sujetos sin consumo intensivo de alcohol.

Algunos de los estudios realizados al respecto muestran que las mujeres adolescentes con este tipo de patrón de binge drinking son más susceptibles respecto a los efectos neurotóxicos provocados por el alcohol retrasando el desarrollo neurológico. En otros se concluye que los hombres adolescentes con este tipo de consumo tienen mayor riesgo de desarrollar abuso de alcohol y otras drogas.

Aunque todavía carecemos de estudios a largo plazo que hayan analizado si estas anomalías revierten tras el abandono de este patrón o se mantienen a lo largo del tiempo que, si es confirmado, hace necesario una nueva y más detenida atención a esta problemática en los ámbitos educativos y de salud pública.

En resumen y como conclusión podemos extraer que, consumir alcohol y otras drogas durante la adolescencia produce alteraciones neurocognitivas pero, si el consumo es intensivo (binge drinking), estas alteraciones son mayores, afectando al funcionamiento de la persona joven en su vida cotidiana.

Más información en:

López-Caneda, E., Mota, N., Crego, A., Velasquez, T., Corral, M., Holguín, S. R., & Cadaveira, F. (2014). Anomalías neurocognitivas asociadas al consumo intensivo de alcohol (binge drinking) en jóvenes y adolescentes: Una revisión Neurocognitive anomalies associated with the binge drinking pattern of alcohol consumption in adolescents and young people: A review. Adicciones, 26(4), 334-359.
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