Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

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¿Es un psicópata José Bretón?

Cuando escuchamos la palabra “psicópata”, además de generarnos cierto escalofrío, hoy día nos viene a la mente la imagen de José Bretón, o recordamos alguna película sobre asesinos en serie o, incluso, podemos evocar el nombre de dirigentes políticos famosos (Hitler, Stalin…), u otros personajes famosos por su crueldad, falta de humanidad y conducta antisocial. Y luego, nos surge el DILEMA: “estaba loco porque una persona normal no hace ese tipo de cosas, ¿no?”. La búsqueda del porqué es lo que ha llevado a muchos investigadores a estudiar si existe una base fisiopatológica que explique este tipo de personalidades antisociales o amorales.

La psicopatía como categoría diagnóstica no está incluida en las actuales clasificaciones de enfermedad mental, por lo que podría considerarse que el psicópata no es un enfermo mental (Garrido, 2000). El término fue acuñado por Pinel en 1.801 y, posteriormente, aparecieron otros términos como el de “personalidad psicopática” (Kraepelin, 1896), el de “sociopatía” (Birbaum, 1914) y, más recientemente, el de “antisocial” y “disocial” que recogen las clasificaciones como DSM y CIE dentro de los trastornos de personalidad. Se puede considerar que el trastorno antisocial o disocial de la personalidad es diferente a la psicopatía, al considerarse ésta como un trastorno más amplio que incluiría características de personalidad antisocial. Así, un psicópata no tiene por qué ser un delincuente aunque es probable que su comportamiento linde con el incumplimiento de la ley.

Hare, en 1991, estableció un listado por el que puede detectarse la existencia de psicopatía en una persona denominado PCL (Psychopathy Checklist) y que tiene en cuenta características de personalidad (egocentrismo, ausencia de remordimientos, impulsividad, falta de empatía, irresponsabilidad, necesidad de estimulación o búsqueda de sensaciones, sensación grandiosa de autovalía…) y conductas antisociales (versatilidad criminal, mentiras, manipulaciones, delincuencia juvenil…).

La comorbilidad entre el trastorno antisocial de la personalidad y el trastorno por uso de sustancias es alta, lo que hizo que se pensara que la mayoría de los adictos a drogas tenían personalidades antisociales y se les clasificaba como sociópatas y psicópatas. Sin embargo, suele ser más bien al contrario, es el psicópata el que utiliza las drogas como forma de evitar el aburrimiento (búsqueda de sensaciones).

Hay numerosos estudios que aportan datos que avalarían la posible existencia de una alteración orgánica relacionada con la personalidad antisocial y psicopatía. Los principales resultados apuntan a la presencia de: alteraciones en el lóbulo frontal y la amígdala; cambios en componentes del sistema límbico involucrados en el procesamiento emocional; alteración en el proceso afectivo de la información y los déficit en las funciones ejecutivas de la atención dividida.

Como curiosidad científica, el caso del neuroanatomista James Fallon, que el hecho de descubrir que su propio cerebro tenía las mismas características que el de los psicópatas que estudiaba, le hizo reflexionar sobre las causas por las que se puede desarrollar la psicopatía y llegó a la conclusión de que el entorno sociofamiliar juega un papel determinante en esto, por encima de lo biológico o lo heredado.

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