Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

Esquizofrenia significa etimológicamente “mente dividida”

Esquizofrenia, término acuñado por el psiquiatra suizo Bleuler,  y que etimológicamente significa “mente dividida”, es un término con el que se denomina a una enfermedad que engloba síntomas y alteraciones diversas. Los primeros estudios sobre las alteraciones cognitivas en la esquizofrenia surgieron hace cien años, y sus déficit fueron descritos por Kraepelin cuando hizo referencia a la disminución de la eficacia mental de sus pacientes (demencia precoz).Hoy día, existe un acuerdo bastante amplio entre los autores respecto a que la esquizofrenia representa una enfermedad cerebral que implica un deterioro de la función neuropsicológica (Norman et al., 1997) como característica nuclear y no como un efecto colateral de la misma (Heinrichs, 2005; Saykin et al., 1994).

El déficit neuropsicológico es generalizado (dificultades motoras y cognitivas) aunque no existe un perfil claramente definido debido a que la esquizofrenia es una enfermedad mental compleja caracterizada por multitud de síntomas: presencia de ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje y conducta desorganizada, deterioro en la actividad social, ocupacional y laboral,… Coexisten, por tanto, problemas conductuales, emocionales y sociales, así como también cognitivos asociados a este trastorno mental, por lo que se hace necesario una evaluación y tratamiento individualizado y específico.

Dentro del amplio rango de déficits que caracteriza el perfil neurocognitivo de este trastorno psiquiátrico, las funciones cognitivas más afectadas son la atención (problemas de atención sostenida y selectiva, elevada distraibilidad, dificultad o incapacidad para identificar e inhibir estímulos irrelevantes), la memoria (pobre rendimiento en memoria a corto y largo plazo y alteración de la memoria de trabajo) y las funciones ejecutivas (dificultades en la planificación de tareas, velocidad de procesamiento, habilidad de razonamiento abstracto, flexibilidad cognitiva, capacidad de inhibición y toma de decisiones, alteración del juicio social, falta de iniciativa y anhedonia).

Asimismo, se aprecia una relativa preservación del lenguaje, las praxias y las funciones visuoespaciales y visuoperceptivas (torpeza y dificultad en los movimientos espontáneos, problemas de coordinación y secuenciación motora, y lenguaje desorganizado -incoherencias, tangencialidad, descarrilamiento (pérdida de asociaciones y fuga de ideas), ilogicidad, perseveración, ecolalia,…-).

Existe una alteración en la corteza prefrontal en presencia de sintomatología negativa (hipofrontalidad), además de una elevada comorbilidad con los trastornos por uso de sustancias (TUS) que agravan dichos déficits.

La gravedad de esta patología psiquiátrica dependerá de la sintomatología presentada, la edad de comienzo de la enfermedad, los años de enfermedad y evolución de la misma, número de ingresos hospitalarios, subtipo de esquizofrenia, presencia de adicción a sustancias y efectos del tratamiento farmacológico.

El deterioro cognitivo es visto en la actualidad como una característica clave en la esquizofrenia, pudiendo considerarse la esquizofrenia, en buena medida, como un trastorno esencialmente neurocognitivo.

Por otra parte, también hay un amplio consenso en que la capacidad cognitiva influye sobre la calidad de vida y condiciona la adaptación social y la vida diaria del enfermo, es más persistente en el tiempo que los síntomas positivos, más resistente al tratamiento convencional y es un mejor indicador y predictor del pronóstico funcional (Green, 1996). En consecuencia, el desarrollo y utilización de programas de entrenamiento cognitivo han pasado a ser componentes fundamentales en las estrategias de tratamiento de la enfermedad.

Estudios recientes ponen de manifiesto la importancia de un trabajo multidisciplinar que combine la psicoterapia y el tratamiento farmacológico para paliar los síntomas. Por regla general, se admite que los efectos de los neurolépticos sobre el rendimiento cognitivo en pacientes con este trastorno mental suele ser nulo o ligeramente positivo, mejorando la calidad de vida del paciente.

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