Blog del programa de rehabilitación y entrenamiento neurocognitivo en patología dual (drogodependencia + enfermedad mental)

En el post de hoy, os mostramos un corto de animación que trata sobre la adicción a la televisión. Una adicción “poco llamativa”, que motiva escasas demandas de consulta, pero que es frecuente en nuestra sociedad. Actúa de forma más silenciosa respecto a otras adicciones, como a las drogas.

La adicción a la televisión ha sido conceptualizada y discutida desde la década de 1970, por lo que es anterior a algunas de las adicciones conductuales que desde entonces la han superado en términos de investigación científica y aceptación generalizada, como la adicción a Internet.

Aparece cuando percibimos que ver la televisión empieza a perjudicar nuestra salud o nuestra vida cotidiana (en aspectos económicos, sociales, amorosos, etc.). Y es que, las personas con esta adicción pasan gran parte de su tiempo delante de la televisión, la ven más tiempo o con más frecuencia de lo que quieren, hacen repetidos esfuerzos infructuosos por reducir el tiempo que la ven, se retiran o renuncian a importantes actividades sociales, familiares u ocupacionales, y refieren síntomas similares a la “abstinencia”, de malestar subjetivo, cuando se les priva de la televisión.

Los estudios apuntan que, como media general, una persona de 75 años habrá pasado 9 años de su vida viendo la televisión.

Las personas más susceptibles de sufrir esta adicción son aquellas de carácter inestable, de autoestima baja, carentes de iniciativa, los que se sienten solos, aburridos o poco realizados, los enfermos depresivos y las personas impulsivas con dificultad de autocontrol. Es más probable que sean solitarios, hostiles y carentes de capacidad o interés en las conexiones sociales con los demás. Se trata de personas que necesitan experimentar un bienestar inmediato y, para ello, recurren a la televisión.

Se utiliza como una forma de evitar, en lugar de buscar, la estimulación. Además, las personas que se vuelven adictas tienen poco control de la atención, sentimientos de culpabilidad y son propensas a soñar despiertas con miedo al fracaso.

En muchos casos, coexiste con otras adicciones conductuales (a los videojuegos, Internet, teléfonos móviles,) y adicciones a otras sustancias.

Los niños y jóvenes son los más vulnerables a padecer esta adicción, pues son los que pasan más horas al día viéndola. Además, la televisión se ha convertido prácticamente en una más de la familia, se encuentra en casi todas las habitaciones de la casa, por lo que es casi inevitable no verla, y es que aunque no estemos viéndola, suele estar de fondo, por lo que esto agrava la problemática.

 

Bibliografía:

https://adiccion-a.com/television/

https://psicologiayautoayuda.com/adicciones/adiccion-a-la-television/

https://www.cat-barcelona.com/faqs/view/adiccion-a-la-television

https://www.youtube.com/watch?v=2OvGto7crvM

 

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La entrada de un nuevo año es un buen momento para pararse a reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Para ello, os mostramos un interesante vídeo que refleja el funcionamiento de nuestra sociedad actual.

La vida moderna gira en torno al trabajo y el consumo, dos estadios de un mismo proceso basado en las “necesidades” nunca satisfechas. Vivimos inmersos en «una sociedad de consumidores» (Arendt 1961: 176), consecuencia de la emancipación de la actividad laboral de su esfera privada y doméstica.

La desmesura caracteriza la consumición moderna, transformándola así en adicción, es decir en esclavitud.

Vivimos en la cultura de la adicción. La era de la consumición -adicción- está liquidando la existencia de costumbres, valores y tradiciones, produciendo una cultura narcisista.

Este fenómeno adictivo, no solamente se inscribe en la cultura, sino que además la cultura es uno de los factores que favorece la adicción. Ejemplo de ello, podría ser la baja percepción de riesgo en el uso de las nuevas tecnologías, que contribuye al aumento de la tasa de adicciones comportamentales.

Las adicciones se han convertido en un estilo de vida, una forma de ver las cosas, una manera de adaptarse al mundo. Dicho estilo de vida significa que ésta se organiza alrededor de la consumición, ya sea ésta una sustancia, una actividad o una relación.

La vida moderna, se caracteriza por un sentimiento profundo de vacío que hay que llenarlo como sea. Domina así la estructura de fondo de toda adicción: un continuo llenar y vaciar, reproduciéndose así el llamado ciclo de la dependencia (Peele 1982): cuanto más se intenta llenar el vacío, más vacío se siente uno, para lo cual busca algo que lo llene.

Además, la adicción es una enfermedad que afecta al cerebro, causando un desajuste neuroquímico, de forma que produce una sintomatología característica como: pérdida de control, deterioro de la calidad de vida, uso de la práctica a pesar de ser consciente de lo perjudicial que es para uno mismo o para el resto que les rodea, conductas de búsquedaobsesión, etc.

En la mayoría de las ocasiones, las personas ni siquiera son conscientes de la situación en la que se encuentran.

El terreno de las adicciones avanza. Para atajar este problema hacen falta estrategias que conciernan un cambio cultural y social, en definitiva, un cambio en el estilo de vida moderno, pues «la realidad de la droga (…) no puede ser otra que la realidad de su cultura» (Garrido 1999: 1).

 

Bibliografía:

http://www.ugr.es/~pwlac/G18_07Inmaculada_Jauregui.html

https://revistadigital.inesem.es/biosanitario/sociedades-enfermas-adictos-o-buscadores-de-nuevas-sensaciones/

 

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El consumo de drogas, debido a su incidencia y las graves consecuencias que acarrea en todas las esferas, está considerado como un problema social. Los adolescentes, además, son uno de los grupos más vulnerables.

Cada vez es más frecuente encontrar en consulta, padres preocupados por el consumo o la sospecha de consumo de sus hijos adolescentes.

Entre los factores que elevan el riesgo de consumo en adolescentes, se encuentran: la fácil accesibilidad a muchas sustancias; el hecho de encontrarse en una etapa de desarrollo físico, emocional, y psicológico; el sentimiento de fortaleza y la poca visión de peligro, la curiosidad, la imitación de adultos y el afán de independencia. Todos estos factores, hacen que nuestro principal objetivo con ellos, sea que conozcan el riesgo y las consecuencias de este consumo y motivarlos hacia la abstinencia, ya que la gran mayoría vienen obligados por sus padres.

 

 

 

 

 

 

Es prioritario que los padres y educadores sepan identificar las señales de alerta sobre un consumo. Estas señales son:

  • Señales físicas:
  • Ojos rojos.
  • Pupilas dilatadas (grandes).
  • Pupilas puntiformes (muy pequeñas).
  • Pérdida de peso.
  • Dolor de pecho.

 

  • Hábitos personales:
  • Alteración del sueño y del apetito.
  • Higiene deficiente.
  • Pérdida de interés por los deportes.
  • Nuevos amigos o intereses.

 

  • Rendimiento académico:
  • Alteraciones de la memoria.
  • Suspensos y expulsiones.
  • No asiste a clase.
  • Falta de interés por los estudios.
  • Problemas con los maestros.

 

  • Se producen cambios emocionales y de conducta:
  • Irritabilidad y desarrollo de una conducta agresiva.
  • Pereza, apatía o somnolencia constante.
  • Mala pronunciación.
  • Miente con frecuencia.
  • Pequeños robos en casa o presión por conseguir dinero.
  • Estado de ánimo muy variable.
  • Problemas con las amistades o familia.

 

 

 

 

 

 

¿Qué pueden hacer los padres ante una sospecha?

Ante todo, conocer la gravedad del consumo de sustancias en menores, ya que es un factor que afecta considerablemente al desarrollo intelectual, afectivo y social, y que le puede acarrear unas consecuencias irreversibles; de hecho, al tener la adicción un componente biológico, dificulta cada vez más mantener la abstinencia si no se recibe tratamiento a tiempo.

Por todo esto, es muy importante contactar con un especialista cuando se sospeche de un consumo, ya que la probabilidad de mantener la abstinencia sin ayuda profesional es muy escasa.

En Casa Blanca trabajamos con numerosos menores, tanto la prevención, como el abuso y la adicción a sustancias. Además, contamos con un equipo multidisciplinar especializado en adicciones y patología dual, realizamos controles de consumo de cualquier sustancia estupefaciente, ponemos a disposición sesiones familiares paralelas al tratamiento individualizado, y disponemos de servicio de mediación y solución de problemas sociales y judiciales; todo siempre bajo la máxima confidencialidad. Además, la consulta de asesoramiento es gratuita.

Nos encontramos en Avenida Doctor Fleming S/N, Edificio El Patio, Local 13-14 (Llerena).         

Tel.: 924870314/ 689102152.

¡ALUCOD por las personas. Pídenos ayuda, te sobran motivos para ser feliz!

El alcohol daña casi todos los órganos vitales de nuestro cuerpo. Pero no mata neuronas.

Este mito se convirtió en una creencia popular o leyenda urbana que aún perdura en la actualidad.

La idea surgió en América al final de la I Guerra Mundial. Tras la aprobación de la 18ª enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, más conocida como Ley Seca, el Movimiento por la Templanza americano, además de alertar contra la relación del alcohol en la pobreza y la violencia doméstica, empezó a difundir el rumor de que el alcohol mataba nuestras células nerviosas y se extendió a otros países europeos.

Las prohibiciones contra el consumo de alcohol fueron un fracaso y solo beneficiaron al crimen organizado que despertó la producción ilegal, el tráfico clandestino y el mercado negro.

Aun así, esta afirmación no quiere decir que el alcohol no pueda dañar el cerebro.

Actualmente, se sabe que el consumo crónico de alcohol produce cambios estructurales en el cerebro.

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Su consumo afecta a las conexiones neuronales del cerebelo, zona de la que dependen el aprendizaje y la coordinación motora, y modifica la estructura física y la función de las neuronas espinosas medianas, el tipo principal de células que se encuentran en el cuerpo estriado dorsomedial, una región del cerebro que impulsa comportamientos dirigidos a objetivos. Estas neuronas pueden facilitar o inhibir la realización de comportamientos específicos debido a uno de los dos tipos de receptor de dopamina: D1 o D2. Lee el resto de esta entrada »

ALUCOD es una organización no lucrativa en la que trabajamos para que personas con adicciones y/o enfermedad mental, superen con éxito sus problemas.

Llevamos más de 25 años trabajando por la salud de las personas.

Si quieres conocer el trabajo que realizamos o las últimas novedades, puedes visitarnos en nuestra web, plataforma digital y redes sociales.

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